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CLEPI

Cuando nació este blog mi mayor afán era fomentar la lectura, pero la falta de tiempo y otras inquietudes me impidieron continuar, diría icluso que empezar, con la labor propuesta.

Sin embargo, siempre habrá adalides de la lectura fieles a su propósito, y ninguno tan representativo como el CLEPI (Centro de Estudios de Promoción de la Lectura y la Literatura Infantil.

Podría explicar en qué consiste su extraordinario trabajo, pero ellos mismos lo exponen mucho mejor de lo que yo pudiera hacerlo en este vídeo que publican en su web con motivo de su décimo aniversario:

http://www.uclm.es/cepli/

El placer de escribir para los niños

ACTUALIZADO: quiero pedir disculpas por tener durante tanto tiempo esta entrada a medio terminar.

Poco público permite escribir con tanta libertad como el infantil, e incluso me atrevería a decir que el juvenil.
Los adultos son el "consumidor" prioritario de libros, tanto de ficción como de no ficción, pero a menudo nos hemos impuesto clichés que nos impiden cambiar nuestro hábitos literarios: los hay que siguen a los maestros de la literatura de actualidad, los que prefieren la no ficción y los que renuncian a la aventura en pos de una lectura profunda y descriptiva; también los de la postura contraria, los que no se duermen sin una buena novela histórica o aquéllos que lo prefieren todo ligero: el tamaño y el contenido.
Sin embargo un niño sólo le pide a la historia que la historia le entretenga. Nada más simple ni más extraordinario que eso. Fuera clichés. Ningún niño piensa "esto es muy ligero para mí", "este tema lo dejé atrás en los años de universidad", "ya está bien de fulanito, que ya nadie lo lee", etc. Nada de eso: o me gusta, o no me gusta. Lo de leer historias más complejas, en la etapa de la niñez viene dado por los cambios de gustos y los deseos de superarse a sí mismo leyendo y entendiendo relatos más complejos, pero rara vez se producen imposiciones sociales. De hecho, a estas edades se mezclan libros de etapas anteriores y posteriores sin ninguna restricción por parte del niño.

Cuando llega la preadolescencia y la adolescencia los intereses infantiles se entremezclan con los adultos y además se añade a todas esas sensaciones encontradas un fuerte impulso sexual y sentimental. Los libros que se publican en el mercado tratan de una manera u otra esos temas, que son, haciendo gala de tópico, casi lo único en lo que los adolescentes quieren pensar. No obstante, de lo que anda más falto un adolescente, para lo que en realidad están preparados su cuerpo y su mente es para descubrir lo que pueden hacer con su nuevo yo de ahí en adelante. Es el momento en que un libro les puede mostrar parte del mundo que hay fuera esperando y otros puntos de vista diferentes, algo de lo que se anda escaso en esos años en que uno se mira al ombligo un poco más que de costumbre y el mundo se reduce a esos intensos sentimientos nuevos.
En el caso de los adolescentes, precisamente por esos motivos de que hablaba, es especialmente alentador atraerlos como lectores, porque supone un reto arrancarlos de su propio mundo interior aunque sea para cultivarlo un poco más. Algunos preadolescentes y adolescentes, además, experimentan la lectura como un refugio del rechazo o las dificultades para relacionarse, en otros casos les hace admiradores de sus primeros autores y les enseña uno de los grandes retos que debería afrontar la enseñanza actual: el aprendizaje autónomo.
Por eso mismo estoy convencida de que pocos oficios son tan gratificantes y satisfactorios como el de escritor infantil y juvenil, aunque de un tiempo a esta parte se critique su reciente auge argumentando que anda falto de calidad, o que el marketing influye más que la vocación, léanse los ejemplos de Harry Potter (Bloomsbury) o Crepúsculo (Twilight, Little, Brown and Company) por citar los dos ejemplos por excelencia.
En todo caso, aprovechemos padres y educadores el filón que al parecer hemos encontrado en la llegada de los éxitos de ventas de la literatura infantil y juvenil (LIJ)para explotarlo al máximo. En un mundo donde quien más y quien menos se ha hecho adicto a la información y las novedades, sería bueno mantenernos al tanto de lo que se cuece en esta materia, ya que al fin y al cabo, aunque todo es relativo, poco son los que ponen en duda el beneficio de la lectura.

Si dejo de creer en las hadas, ¿qué me queda?

Si dejo de creer en las hadas, ¿qué me queda? es la obra de Esther Galán Mejías , profesora y escritora, ilustrada por Cristina Peláez. Se trata de un libro de cuentos con actividades enfocadas a trabajar cada historia, ya sea en casa o en la escuela.
Es un material dirigido a niños de ocho a doce años que aborda los temas de siempre y los de más actualidad, sin moralinas ni enseñanzas. Ya lo explica muy bien Luisa María Martínez (doctora en pedagogía por la Universidad de Málaga) en la introducción que hace del libro:
Desde una perspectiva literaria, son cuentos de gran originalidad en los contenidos que se expresan en un estilo narrativo atractivo, claro y fluido, sin rebuscamientos. Los temas tratan tano los valores básicos: amistad, solidaridad, amor, sacrifco, etc., como los temores y complejos emergentes en la infancia y preadolescencia: el miedo a no gustar (v.g. la anorexia), a no ser tenido en cuenta, en definitiva, la necesidad de ser aceptados o queridos. Sin embargo, la autora elude el tinte melodramático de la historia, la moralina tópica o el sentimentalismo entendido como autocompasión; por el contrario, son relatos positivos que mezclan lo cotidiano con lo maravilloso lo habitual con lo inesperado con naturalidad, en la mejor tradición del relato popular.
Posee actividades de preparación a la lectura, como observar las ilustraciones, el título etc., y deducir de qué va la trama, de lectura comprensiva e interactiva, de comprensión y de debate. Pueden ser actividades algo comunes, pero están muy bien planificadas y justificadas, y además siempre pueden sugerir otras actividades de creación propia por parte del educador que aplica el material.
Cabe destacar que la lectura de estos cuentos está pensada para ser leída en voz alta, si es posible en grupos, pero lo importante es que son unos cuentos maravillosos hechos para ser trabajados a la vez que disfrutados.

Continuando con la temática literaria, no puedo evitar detenerme en la ilustración y la importancia capital de ésta dentro de la LIJ. Respecto a este tema, Binette Schroeder (ilustradora alemana a la que profeso una gran admiración) opina muy bien que "la ilustración cuenta muchas historias; es decir, la ilustración debe contar historias (...) Además, la ilustración no sólo debe contar lo que dice el texto sino que tiene que ser capaz de crear su propia historia. Una ilustración que simplemente reproduzca el texto es una mala ilustración." ( CLIJ: Cuadernos de literatura infantil y juvenil. Año nº 18, Nº 180, 2005 , pags. 14-21).
Yo no sería tan radical en esta última afirmación, pero sí que tiene razón en que una ilustración cuenta cosas más allá del propio texto que ilustra. Se sirve de él, pero plasma un algo indescriptible que invita a leer en la propia imagen.
Para un niño, la ilustración puede llegar a sugerir las metáforas, los dobles sentidos, la ironía y otros recursos que no está capacitado aún para entender por medio de la palabra, apoya al texto y le induce a comprender mucho más de lo que lee, e incluso más allá de la historia. También hay ilustraciones que se clavan en la retina. Yo misma no podré olvidar muchas de las ilustraciones de mi infancia. Ése es un buen empujón para la imaginación, que se adorna con retazos de la memoria e impulsa a crear nuevos elementos imaginarios a través de éstos, en otras palabras, alimenta la creatividad.


Para leer:
  • Si dejo de creer en las hadas, ¿qué me queda?
Esther Galán Mejías
Ilustraciones de Cristina Peláez
Ediciones Aljibe, 2005

Obras de Binette Schroeder publicadas en España:
  • Rosina, Barcelona: Lumen, 1980
  • Ratatatam, Barcelona: Lumen, 1981
  • Florián y el tractor Max, Barcelona: Lumen, 1986
  • El rey rana, Barcelona: Lumen, 1989
  • La bella y la Bestia, Barcelona: Lumen, 1990
  • La leyenda de la luna llena, Barcelona: Grijalbo Mondadori, 1995
(Desgraciadamente ha ilustrado y escrito infinitud de cuentos que sólo se han editado en alemán e inglés, muchos de ellos de Michael Ende que se publicaron aquí con otros ilustradores)

Leer, leer, leer

Durante los años en que estudiaba magisterio descubrí la revista CLIJ (cuadernos de literatura infantil y juvenil), en mi opinión una publicación maravillosa en la que se analiza el mercado de la literatura infantil y juvenil. En palabras del equipo (precisamente ahora la revista celebra su decimo octavo aniversario) CLIJ es
una revista mensual especializada en literatura infantil y juvenil. Nació en diciembre de 1988 con un doble objetivo: dignificar una literatura que, por estar destinada a los menores, siempre se ha considerado menor, y defender la importancia cultural de la lectura desde la infancia.
Imposible describirla mejor, e imposible no reivindicar la dignidad de la literatura que consumen -o deberían consumir- niños y jovenes, tras lo cual debería quedar implícita toda importancia cultural.
También es una filosofía de la revista defender el hecho de que la literatura infantil y juvenil no tiene porqué ser de índole educativa, sino que más bien es adecuado que aparezca ante el pequeño lector como un divertimento o incluso una evasión. En ese sentido, fenómenos como el de Harry Potter son una muestra perfecta de la diversión que puede proporcionar un libro (en otra ocasión me gustaría comentar este libro, ahora que ya se han publicado todas sus partes).
Ese mismo ejemplo puede servir para otra de las características de la literatura infantil y juvenil (a partir de ahora LIJ), porque es una muestra de lo que ésta debería ser: incluso cuando hablamos de los cuentos que se leen a los más pequeños y las primeras lecturas infantiles, la LIJ no debería tener fronteras establecidas entre una y otra etapa, e incluso entre la etapa adulta, en la medida en que un libro puede y debe ser leído en diferentes edades y proporcionar diferentes experiencias y sensaciones: ¿por qué tanto interés en recortar las fronteras, establecer una norma de cuando leer ese libro y cuando no leerlo nunca más?. A la preocupación por si lo entenderá o por si no tiene edad para leer algo tan infantil, opino que la respuesta más adecuada es que las barreras se difuminan y el lector verdaderamente formado encontrará sus propios límites y gustos, de manera que quizás haya que prestar más atención al cuánto y el cómo que al qué, a la calidad del lector por encima de toda cuestión.
Por último, respecto al papel que desempeña el educador en la formación del lector, esa es una cuestión muy amplia que también me interesa comentar aparte, pero que sin embargo no quiero dejar de mencionar aquí. Creo firmemente en el ejemplo y la imitación como las mejores pautas a seguir en casa: padres lectores, hijos lectores. En la escuela, la animación más que la obligación y, para terminar, la colaboración entre las instituciones familia - escuela (en éste y todos los demás campos) resulta vital.